Hemos recibido por las Redes Sociales, un artículo que me parece interesante
hacerle llegar a nuestros lectores.
En su artículo "El costo emocional de sobrevivir", publicado en
Costa del Sol, Janneth Jiménez describe la pesada carga psicológica invisible
que sufren los venezolanos. Más allá de los indicadores económicos o discursos
políticos, existe un cansancio profundo arraigado en los hogares debido a la
asfixia económica y a promesas de estabilidad que nunca llegan.
La autora señala que vivir bajo una incertidumbre permanente —donde el
dinero se devalúa constantemente, los precios aumentan sin aviso y es imposible
planificar a futuro— genera un desgaste emocional profundo. A esto se suma una
expectativa política estancada que parece ocurrir en una realidad paralela a
las necesidades inmediatas de la gente, como comprar comida o medicinas. El mayor
peligro de esta crisis es el riesgo de normalizar la desesperanza y dejar de
creer en el cambio. No obstante, Jiménez concluye que el venezolano sigue
adelante trabajando y resistiendo con fortaleza, aunque recuerda firmemente que
ningún país debería acostumbrar a sus ciudadanos a vivir únicamente
sobreviviendo.

Janneth Jiménez
El costo
emocional de sobrevivir
Entre promesas incumplidas, una economía que asfixia y una incertidumbre
que parece permanente, el venezolano enfrenta una carga invisible que rara vez
aparece en las estadísticas.
Hay un cansancio del que poco se habla en Venezuela. No aparece en los
indicadores económicos ni en los discursos políticos. No se mide en encuestas
ni ocupa titulares. Sin embargo, está presente en millones de hogares. Es el
costo emocional de sobrevivir.
Hemos recibido por las Redes Sociales, un artículo que me parece interesante
hacerle llegar a nuestros lectores.
En su artículo "El costo emocional de sobrevivir", publicado en
Costa del Sol, Janneth Jiménez describe la pesada carga psicológica invisible
que sufren los venezolanos. Más allá de los indicadores económicos o discursos
políticos, existe un cansancio profundo arraigado en los hogares debido a la
asfixia económica y a promesas de estabilidad que nunca llegan.
La autora señala que vivir bajo una incertidumbre permanente —donde el
dinero se devalúa constantemente, los precios aumentan sin aviso y es imposible
planificar a futuro— genera un desgaste emocional profundo. A esto se suma una
expectativa política estancada que parece ocurrir en una realidad paralela a
las necesidades inmediatas de la gente, como comprar comida o medicinas. El mayor
peligro de esta crisis es el riesgo de normalizar la desesperanza y dejar de
creer en el cambio. No obstante, Jiménez concluye que el venezolano sigue
adelante trabajando y resistiendo con fortaleza, aunque recuerda firmemente que
ningún país debería acostumbrar a sus ciudadanos a vivir únicamente
sobreviviendo.
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| Janneth Jiménez |
El costo emocional de sobrevivir
Entre promesas incumplidas, una economía que asfixia y una incertidumbre
que parece permanente, el venezolano enfrenta una carga invisible que rara vez
aparece en las estadísticas.
Hay un cansancio del que poco se habla en Venezuela. No aparece en los indicadores económicos ni en los discursos políticos. No se mide en encuestas ni ocupa titulares. Sin embargo, está presente en millones de hogares. Es el costo emocional de sobrevivir.
