LA DEMOCRACIA NO ES UN ESTADO ESTÁTICO, SINO UN PROCESO DINÁMICO DE CONSTANTE MEJORA.
| Germán González Coordinador de CSolVzla. |
En ocasión de celebrarse este 15 de septiembre el Día Internacional de la Democracia, en esta entrega de "Bitácora de la Cayapa" nos vamos a referir al contenido de la Declaración Universal sobre la Democracia. Este documento fue adoptado por los Parlamentos miembros de la Unión Interparlamentaria (UIP) durante la 98.ª Conferencia Interparlamentaria, celebrada en El Cairo entre el 11 y el 16 de septiembre de 1997.
La adopción de este histórico texto marcó el culminar de un proceso impulsado tras las sucesivas Conferencias Internacionales sobre Democracias Nuevas y Restauradas, iniciadas en 1988 por iniciativa de la entonces presidenta de Filipinas, Corazón Aquino. Constituye el primer gran consenso global en el que representantes parlamentarios de todo el mundo definieron la democracia no solo como un sistema de gobierno, sino como un ideal ético y un derecho universal.
De acuerdo con los principios fundamentales de esta carta afirmamos que la democracia es un derecho de ciudadanía. La democracia se concibe como un valor universal fundamentado en la dignidad humana y los derechos fundamentales. Trasciende las diferencias culturales, sociales o económicas, consagrándose como un derecho inherente a todo ciudadano para ejercerse en condiciones de libertad, igualdad, transparencia y responsabilidad.
La democracia es
inseparable de los derechos humanos y del Estado de derecho. Ninguna persona o
institución está por encima de la ley. El marco democrático garantiza el
ejercicio pleno de las libertades individuales, destacando la libertad de
opinión, expresión y el libre acceso a la información sin persecución ni
injerencias de nadie.
La autoridad del
gobierno emana directamente de la voluntad del pueblo. Esto exige la
celebración periódica de elecciones libres, transparentes y competitivas,
basadas en el sufragio universal, libre y secreto. Se remarca además la
importancia del pluralismo político y la coexistencia de múltiples partidos.
Un pilar innovador de
la Declaración de la UIP es la afirmación de que la democracia real no puede
existir sin una verdadera asociación entre hombres y mujeres. La participación
equitativa y complementaria de ambos géneros en los asuntos públicos es
indispensable para la legitimidad del sistema.
Se requiere un
equilibrio institucional efectivo mediante la división de los poderes
ejecutivo, legislativo y judicial. El Parlamento ocupa un rol central como
órgano representativo donde convergen todas las fuerzas de la sociedad para
debatir y fiscalizar la acción pública.
La
gestión de los asuntos públicos debe guiarse por la transparencia, la honestidad
y la responsabilidad social. La democracia combate activamente la corrupción y
promueve una cultura de ética gubernamental.
El
espíritu democrático trasciende las fronteras. La UIP declara que los
principios de soberanía, no injerencia, resolución pacífica de conflictos y
respeto al derecho internacional deben regir las relaciones globales para
asegurar un clima de paz mundial, condición indispensable para el desarrollo
democrático.
La Declaración recuerda
que la democracia no es un estado estático, sino un proceso dinámico de
constante mejora. Su fuerza radica en vincular la libertad política
directamente con el bienestar social, el desarrollo económico y la justicia
social. Frente a las amenazas contemporáneas de polarización y regresión
institucional, sus principios se mantienen como la guía más completa para
revitalizar la confianza ciudadana y defender la gobernanza participativa.
Siga el siguiente enlace para ir al documento: https://www.ipu.org/sites/default/files/documents/es_-_ddeclaration-web1.pdf